
El fenómeno de El Niño continúa intensificándose y podría alcanzar un nivel muy fuerte hacia finales de 2026, con efectos sobre las temperaturas y el régimen de precipitaciones que podrían mantenerse durante los primeros meses de 2027.
Según la última actualización de la Organización Meteorológica Mundial y el análisis del meteorólogo Christian Garavaglia, de Meteored, los principales modelos climáticos internacionales muestran una elevada coincidencia en torno a un nuevo fortalecimiento del fenómeno.
Uno de los principales indicadores utilizados para seguir su evolución es el índice Niño 3.4, que registró una anomalía promedio de +1,5 °C entre mayo y julio.
Durante julio, los valores llegaron a aproximarse a los +2 °C, mientras que posteriormente los registros semanales continuaron aumentando hasta ubicarse entre +2,2 y +2,6 °C.
Estos valores muestran que el fenómeno todavía se encuentra en una etapa de intensificación.
Otro de los factores que sostiene las proyecciones es la presencia de temperaturas excepcionalmente elevadas debajo de la superficie del océano Pacífico.
Durante julio y comienzos de agosto se detectaron sectores con anomalías superiores a 8 °C respecto de los valores normales, constituyendo una importante reserva de calor que podría continuar alimentando el calentamiento de las aguas superficiales.
Según el análisis difundido por Meteored, el fenómeno todavía no habría alcanzado su máxima intensidad.
Un episodio de El Niño de gran magnitud no produce exactamente las mismas consecuencias en todas las regiones del planeta.
Su impacto depende de la ubicación geográfica, la época del año y la interacción con otros patrones atmosféricos y oceánicos.
Sin embargo, un fenómeno especialmente intenso puede modificar de manera significativa la circulación atmosférica global y aumentar la probabilidad de distintos eventos extremos, entre ellos inundaciones, sequías y períodos de calor excepcional.
Para el trimestre comprendido entre septiembre y noviembre de 2026, los modelos considerados por la OMM muestran una mayor probabilidad de temperaturas superiores a los valores habituales en prácticamente todas las regiones continentales.
El comportamiento de las precipitaciones será mucho más variable y dependerá de cada zona.
Al mismo tiempo, otros factores climáticos podrían interactuar con El Niño y modificar sus efectos habituales.
Entre ellos aparece la posible fase positiva del Dipolo del Océano Índico, con una anomalía estacional estimada cercana a +0,9 °C, además de temperaturas superiores a lo normal en sectores del Atlántico tropical.
Las proyecciones actuales ubican el punto de máxima intensidad de El Niño hacia el cierre de 2026.
No obstante, sus efectos sobre el clima podrían continuar incluso después de alcanzado ese máximo, extendiéndose hacia los primeros meses del próximo año.
Ante este escenario, la Organización Meteorológica Mundial trabaja junto con los servicios meteorológicos nacionales en el fortalecimiento de los sistemas de alerta temprana de cara a 2027, especialmente frente a la posibilidad de eventos meteorológicos y climáticos extremos.