
"Nuestro programa de mejoramiento está liberando una variedad cada tres años para resolver las problemáticas y atender la demanda del sector arrocero", explicó Collazo en diálogo con la prensa. En esta oportunidad, se presentó la variedad Carandú Intateé INTACL, diseñada para consumir menos agua, un recurso clave en la provincia de Entre Ríos. "Es una variedad con un ciclo menor a Gurí INTED, pero con iguales niveles de productividad y, lo más importante, una excelente calidad de grano", agregó.
Una de las principales innovaciones destacadas fue la variedad IBAT INTACL, que cuenta con una resistencia superior a la pericularia oryzae, una de las enfermedades más importantes a nivel nacional e internacional en el cultivo de arroz. "Con estas variedades buscamos no solo rentabilidad para Entre Ríos, sino también sostenibilidad para toda el área arrocera argentina", señaló el especialista.
Collazo subrayó que el desarrollo de una nueva variedad es un proceso que puede llevar entre 10 y 15 años, seguido de un período de adaptación por parte de los productores. "El productor tarda alrededor de cinco años en aprender a manejarla y obtener las mejores rentabilidades. Por eso trabajamos continuamente en incorporar todas las tecnologías disponibles para enfrentar los problemas reales del sector", afirmó.
Uno de los principales objetivos del equipo de mejoramiento genético es enfrentar la problemática de las enfermedades y las malezas resistentes. Collazo explicó que la tecnología Clearfield, desarrollada en Entre Ríos, tuvo un impacto significativo en el sector, pero su mal uso generó la aparición de malezas resistentes a imidazolinonas. "Desde nuestro grupo ya contamos con variedades con nueva resistencia genética para ser usadas en rotación y así evitar la proliferación de malezas resistentes", detalló.
En cuanto a las variedades existentes, como Gurí INTED, que es altamente productiva y muy demandada en mercados internacionales por su calidad de grano, Collazo señaló que también presentan desafíos. "Gurí tiene susceptibilidad a la pericularia y, en condiciones favorables como las lluvias recientes, esta enfermedad puede desarrollarse", explicó. Para enfrentar esta situación, se desarrolló Anguirú INTACL, una variedad con características defensivas para siembras tardías y mayor resistencia a enfermedades.
El proceso de desarrollo y lanzamiento de nuevas variedades no se realiza de manera aislada. Según Collazo, "nos reunimos con los productores, asociaciones como ProArroz y la industria para evaluar si estas variedades les son útiles". Además, destacó que estas innovaciones no buscan reemplazar variedades ya establecidas como Gurí INTED, sino complementarlas para superar sus debilidades.
INTA trabaja en estrecha colaboración con la Fundación ProArroz desde su creación. Esta alianza ha permitido producir semillas genéticas que no solo abastecen al mercado local, sino que también se exportan a países como Uruguay, Brasil, España y varias naciones de Centroamérica. "De hecho, en esta jornada contamos con la visita de delegaciones de República Dominicana, Panamá y Costa Rica, interesadas en nuestra genética local", comentó Collazo.
El éxito de esta colaboración se debe a una visión compartida y al financiamiento proporcionado por el Fondo de Investigación de la Fundación ProArroz. "Hacer una variedad lleva 15 años y requiere una inversión considerable. La Fundación es nuestro norte y aporta recursos económicos esenciales para llevar adelante estos desarrollos", concluyó Collazo.
Con estos avances, INTA y la Fundación ProArroz continúan posicionando a Entre Ríos como un referente en innovación agrícola, contribuyendo al desarrollo sostenible del sector arrocero tanto a nivel nacional como internacional.