30/01/2026  -  Interés General
CLIMA
Calor persistente y sequía: ¿para cuando se espera un cambio?
Esta combinación comienza a generar una señal de alerta, no solo desde el punto de vista climático, sino también productivo, ya que el período coincide con una etapa clave de los cultivos de verano, donde la demanda hídrica es elevada.

Durante la última semana de enero, el escenario meteorológico en gran parte del país sigue marcado por la persistencia de temperaturas elevadas y un significativo déficit de precipitaciones, especialmente en la zona centro-este.

La falta de aportes de lluvia comienza a reflejarse en el estado de los lotes, sobre todo en áreas que ya acumulan varias semanas sin eventos significativos.

Desde el punto de vista agropecuario, la combinación de altas temperaturas y ausencia de lluvias comienza a agravar la situación productiva. Si bien el invierno y la primavera permitieron consolidar un buen perfil hídrico en los suelos, ese respaldo comienza a agotarse rápidamente.

La falta de precipitaciones durante esta fase crítica del desarrollo de los cultivos de verano genera pérdidas potenciales en el rendimiento, especialmente en lotes que no cuentan con reservas suficientes o que se encuentran en estadios fenológicos sensibles al estrés hídrico.

Según Leonardo De Benedictis, experto de Meteored Argentina, Esta configuración responde en gran medida a un comportamiento típico de los eventos La Niña, donde las lluvias tienden a concentrarse sobre el oeste del país, mientras que el centro y el este permanecen bajo condiciones más secas. En este contexto, la región central acumula aproximadamente seis semanas sin lluvias contundentes.

Las proyecciones de los principales modelos numéricos comienzan a mostrar señales de cambio. En particular, el modelo del Centro Europeo indica que, durante los primeros días de febrero, podría romperse el bloqueo atmosférico que afecta al litoral y a la provincia de Buenos Aires. Este cambio permitiría el ingreso de humedad desde el norte y el avance de sistemas frontales, favoreciendo la aparición de lluvias, chaparrones y tormentas sobre el centro y noreste argentino, con una mejora progresiva en la distribución de las precipitaciones.

Además, los análisis climáticos sugieren que el evento La Niña comenzaría a debilitarse durante febrero, dando paso a una fase neutral. Esta transición favorecería un flujo de humedad más importante hacia el margen este del país, una de las zonas actualmente más comprometidas por la sequía.

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